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lunes, 12 de marzo de 2012

SOLIDARIDAD


Lo típicamente laical está constituido, en efecto, por el compromiso en el mundo, entendido este como marco de SOLIDARIDAD humanas, como trama de acontecimientos y hechos significativos, en una palabra, como historia. Ahora bien, comprometerse es ratificar activamente la solidaridad en la que todo hombre se halla inmerso, asumiendo tareas de PROMOCIÓN HUMANA en la línea de un determinado proyecto social. (Medellín, 10, 9)

La pobreza de tantos hermanos clama justicia, solidaridad, testimonio, compromiso, esfuerzo y superación para el cumplimiento pleno de la misión salvífica encomendada por Cristo. (Medellín, 14, 7)

Los bienes y riquezas del mundo, por su orden y naturaleza, según voluntad del Creador, son para servir efectivamente a la utilidad y provecho de todos y cada uno de los hombres y los pueblos. De ahí que a todos y a cada uno les compete un derecho primario y fundamental, absolutamente inviolable, de usar solidariamente esos bienes, en la medida de lo necesario, para una realización digna de la persona humana. (Puebla, 492)

El compromiso evangélico de la Iglesia, debe ser como el de Cristo: un compromiso con los más necesitados. La Iglesia debe mirar, por consiguiente, a Cristo cuando se pregunta cual ha de ser su acción evangelizadora. El hijo de Dios demostró la grandeza de ese compromiso al hacerse hombre, pues se identificó con los hombres haciéndose uno de ellos, solidario con ellos y asumiendo la situación en que se encuentran, en su nacimiento, en su vida y, sobre todo, en su pasión y muerte donde llegó a la máxima expresión de la pobreza. (Puebla, 1141)

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